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Anecdotas de caza,

marzo 19, 2008

 dsc02878.JPG  El vulgar charco del camino

En un día de diciembre  y estando en plena borrasca de lluvias en  el Rebolloso  tenía yo fichado un charco o agujero en un camino en la montaña  de tierra poco transitado  que cada vez que llovía,  y pasaba yo  por allí,   tenía la inercia de  mirar, el  charco después de llover matemáticamente  marcaba la visita de un energúmeno  nocturno de buen tamaño según las pezuñas que tenia.  Me decidí a hacerle una esperita en el susodicho charco y digo  un  vulgar charco  de camino poco transitado que se acerca a la montaña abierta. La noche  elegida  tenía buena pinta,  fresquito pero sin pinta de llover,  me senté en mi silla súper cómoda  y tranquilamente,  a meditar, una hora,  dos horas  y nada de nada. De repente empiezan a caer gotitas y a levantarse vientecito, en media hora un tormenta de viento y lluvia terrible, yo ya con la capa  impermeable  y la capucha puesta tapando la escopeta  lo mejor posible y sobre todo el láser de  punto rojo  que era  mi equipo de caza en aquellas fechas y que es alérgico al agua; después de estar ya una  hora más en ese estado se te vienen a la cabeza cosas como  “si alguien me  viera   en este estado  sentado en medio  del campo con este viento ,esta lluvia  empapado en medio de la noche”  pensaría riéndose, ESTE ESTÁ  COMO UN CENCERRO  y no estaría  tan descaminado,  después de estos pensamientos tan  profundos, pensé que había llegado al límite de mi paciencia y además  sin ningún ruido ni señal de jabalíes por allí. Decidí levantarme  y empezar a recoger  todo el montaje: la silla, el macuto, la capa  y por último la escopeta que por  norma me la dejo cargada hasta alejarme del puesto un poco. Antes de marcharme,   me cerco al charco para ver si el visitante había estado la noche anterior y cuando estoy a no más de cinco metros del charco, ¡¡ de repente se mueve un matorral al otro lado del camino como si lo estuviera arrancando de cuajo un hombre invisible¡¡     me quedo  como una estatua,  y de repente  sale un cochino del tamaño de una vaca¡¡ mira a su alrededor y sale hacia mí, se mete en el charco y empieza a revocarse tranquilamente, yo no me atrevo a moverme  ni casi a respirar   entre sorprendido y acojonado a escasos  cuatro metros de el,  me quedo quieto un minuto,  y de repente salta  el cochino,  da un gruñido  de sorpresa  y  se mete  otra  vez al matorral, yo me quedo  inmóvil de piedra meditando  la situación y antes de reaccionar vuelve a salir  y a meterse en el charco, esta vez reacciono bien  levanto la escopeta lentamente hasta encañonarlo en bandolera,  apretó el láser,  y le coloco el punto rojo  en el centro del bulto, cuando el  esta  tirado en el charco revolcándose  y dándome la panza y apretó el gatillo,  ¡¡ oigo el típico gruñido  de rabia  y sale corriendo,  hacia el monte afortunadamente,¡¡ yo me quedo como si hubiera visto una visión y me acerco a la charca,   compruebo el acierto del disparo por los restos  en el barro, no obstante  y visto el tamaño del  bicho,  me voy a casa como en una nube  hasta el día siguiente, andando por el camino,  ya se me ha olvidado que llueve  a mares  que estoy como una sopa , que hace frío y viento,   de el que se reía  y que el resto del mundo existe.

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