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Relatos de lances caza

marzo 4, 2008

scannedimage-8.jpgEl jabali de la historia

Mi primer Navajero en Javea, hace ya mucho, con mi padre.

Buscando espárragos en Javea hace muchos años vi la primera señal de cochinos en la zona, lo comente con algunos amigos y socios cazadores del terreno y se burlaron de mi (diciéndome que yo alucinaba) poco tiempo después cuando ya tenia concedido y en mano el permiso de medio ambiente y bien controlados a mis amigos porcinos se lo dije a mi padre, a él no tenía que repetirle las invitaciones de caza, sobre todo las esperas a los conejos que era lo que más le gustaba, y creo que algo de ese veneno me contagio a mi de pequeño, cuando me contaba sus correrías por Sierra Morena con su amigo y guarda en esa fechas de la finca los pujates, el amigo Quicarra, la esperas por la noche tienen algo especial, si te gusta, te envenenan entero, y puedes pasarte media noche a cero grados sentado en una piedra con todos los sentidos en tensión como si fueran cinco minutos, también hay gente que te dice que es una caza absurda y aburrida, esos no son esperistas y no entienden la música nocturna del monte de noche en la oscuridad. Volviendo a mi historia, mi padre me acompaño a la zona elegida para hacer la espera; en el suelo debajo de un margen de un metro de altura en una pinada donde tenía la querencia el animal, nos sentamos en dos piedras y al caer la tarde refresco un montón. Se hicieron las tantas y nada de nada con las posaderas maltrechas; a mis veinticinco años le pregunto a mi padre: ¿nos vamos?, y el con su gesto habitual me indica que esperemos. Nunca he conocido a nadie como él, capaz de estar cuatro horas sin mover ni una pestaña sentado en una rama como un jilguero. Estaba ya a punto de levantarme cuando siento romper una rama a lo lejos, de repente todo cambia, ya no me duele el trasero ni tengo frió, solo tengo oídos, ni respiro, vuelvo a sentir otra rama moverse, ya esta claro, tenemos visita; al momento veo una silueta aparecer por encima del margen al trasluz de la luna parece un bisonte pero un leve gruñido me confirma que lo que estoy viendo es un navajero por todo lo alto. Mi padre temblando me toca la pierna señalando tímidamente por abajo y yo intento controlar la respiración que me parece la de un caballo al galope, el navajero salta el margen como una gacela y se tumba a revolcarse en al barro, le apunto pero tumbado no me ofrece un ángulo de tiro seguro, de repente se levanta y levanta el hocico como si barruntara algo extraño, yo me apresuro a centrar la cruz en su punto débil y zas disparo, el bicho se desploma como una estatua, mi padre me dice por bajinis: “válgame diosss!! le has dado bien”, yo asiento y replico: “ya lo creo”. Esperamos los diez minutos de rigor y cojo el cuchillo de remate y me acerco al bulto caído como si lo hiciera cada día cuando estoy a dos metros del animal de repente da un salto se levanta y me enviste como un toro bravo, me aparto torpemente sorprendido y pasa a medio metro de mi como un misil, afortunadamente sin hacerme ningún caso, después lo comento con mi padre que lo vio todo a diez metros, y el me reprende estas loco, tenías que llevarte un arma y nos marchamos a casa. Yo no puedo decir que a dormir por que no es posible dormir con esta incertidumbre. Antes de amanecer ya estaba yo en casa de mi hermano Jaime y después a por mi padre. Al salir el sol ya estábamos en el sitio, sangre y marcas de herida de muerte al rato lo vemos a 50 metros dentro de una maraña, yo salto de alegría es un navajero de 110 Kg. con 15 cm. de navaja, lo cargamos en el coche y directo a el taxidermista de camino veo a mis amigos Antonio Serrano y Emilio el gallego, y tengo que parar a enseñarle mi trofeo que esta en la pared de mi casa desde entonces, cada vez que lo miro me acuerdo de esa noche con mi padre su sonrisa de regocijo y alegría y no recuerdo ningún otro momento tan feliz o mejor estando junto a mi padre.[Gallery not found]

 

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